FATEGASH

Capítulo 2
Tann ( II )

       -¿Quién eres?- Tann entrecerró los ojos. La luz del pasillo era muy intensa.
       -Venga, Tann. Tampoco ha pasado tanto tiempo.¿Ya me has olvidado?- Era Jen. Dejó sus cosas encima del sillón de la habitación y encendió la luz. Se sentó en la cama al lado de Tann.-¿Qué tal te encuentras?
       -Me duele la cabeza... ¿Qué es lo que ha pasado? ¿He atropellado a otra persona?- Bromeó Tann. La cara de Jen cambió enseguida. No le hizo mucha gracia.
       -Tann,¿ no recuerdas nada de lo que pasó ayer?
       -¿Qué...?- Aún no había averiguado porqué estaba en el hospital, pero por la cara de Jen, tuvo que ser algo demasiado importante...


       -Sr. Doyle, ésta es la única solución que no requiere la cárcel por el atropello.-El detective que le arrestró hablaba con Tann en la sala de interrogatorios.
       -¿Usted cree?-Tann estaba sentado, mirando al detective. Pasó la noche en el calabozo, y tuvo que llamar a Jen, para que alguien supiese dónde estaba.-Estoy de acuerdo con los 5 meses de trabajos a la comunidad, pero lo del grupo de ayuda...
       -Oiga, estas personas han tenido su mismo problema. Les pasaba exactamente lo mismo. Los psicólogos opinan que puede ayudarle, hay muchos que se han curado gracias al programa en el que usted entrará.
       -Pero me parece una “condena” muy extraña por un atropello.
       -Las leyes en esta ciudad son así. También le quitaremos el carnet de conducir.- El detective le miró fijamente.-¿Y bien?
       -Vaya, eso ya eso otra cosa. En fin, acepto. Podría ser peor...- Tann firmó todos los papeles de su “condena”. Al salir, le esperaba Jen en el coche.
       -Menos mal que me llamaste... -Jen abrazó a Tann.- No te han hecho nada,¿verdad?
       -Gracias por venir. La verdad es que no quería asustar a mi madre.-Tann se acercó al coche de Jen.
       -¿Estás limpio?
       -5 meses de trabajos a la comunidad, y entrar en un grupo de pirados.
       -¿Un grupo?
       -Sí, de esos de ayuda psicológica, como alcóholicos anónimos. Debo ir el viernes, es decir, mañana.- Ambos se quedaron mirándose. Jen quería hacer algo por ayudarle, pero sabía que no podía hacer nada.
       -Vamos, te llevaré a casa. Debes estar hambriento después de la noche que has pasado.-En cuanto Jen mencionó su casa, Tann recordó las escrituras de las paredes.
       -Sí. Vamos a mi casa. Te enseñaré algo. Puede que tú tengas alguna idea.

       En cuanto llegaron a casa, antes de entrar, se paró y miró a Jen.
       -Jen, puede que ésto te sorprenda, pero yo estoy igual que tú. Lo descubrí cuando los policías vinieron a arrestarme.
       -Veámoslo, pues...-Tann giró la llave y entraron los dos hasta su habitación. Se acercó a las ventanas y abrió las persianas. Jen se quedó en la entrada de la habitación. Tann miró las paredes: estaban completamente vacías.
       -Tenías razón... estoy aturdida. Esta habitación está demasiado desordenada.- Bromeó Jen.
       -No, eso no... ayer por la noche, las paredes estaban escritas con... pintura negra... eran símbolos extraños, como... ¡satánicos!- Tann estaba mirando de cerca las paredes, por si encontraba algún rastro de las pinturas. Jen lo vió demasiado nervisoso. Estaba muy preocupada por él. Se acercó.
       -Sigo pensando que debes ver al médico.- Jen le cogió por los brazos y le miró a los ojos.
       -No estoy loco, y lo sabes.
       -Lo sé, pero no te pasa nada bueno. Puede que sólo sea el estrés, o algo así... si lo dejas pasar, te puede pasar algo.-Tann miró al suelo y respiró profundamente. No podía dejar de pensar en los dibujos aquellos. Algo ocurría, y no era bueno. Después miró a Jen y sonrió.
       -De acuerdo, vamos.- Había que contemplar todas las posibilidades.

       El doctor miraba las analíticas de Tann con cara de no encontrar nada raro.
       -No hay nada raro. Es más, está usted muy sano. Pero lo que me cuenta me preocupa.-Decía el doctor.- Ojalá no sea nada, pero... mire, le daré el número de un psiquiatra amigo mío que...
       -¿Psiquiatra? Oiga, yo no quiero que la cosa vaya tan lejos...- Tann se asutó un poco. Jen le miró de reojo. Sabía que el doctor le aconsejaría un psiquiatra, pero ella no quería ni pensarlo.
       -Lo sé, pero tiene que intentarlo. Sólo es un consejo. Le ruego que lo acepte.- El doctor le extendió la mano con la tarjeta. Tann la miró, y la cogió a regañadientes.

       -No pienso ir.-Dijo Tann, mientras Jen le llevaba a su casa en coche.
       -Yo no digo que vayas, pero al menos pídele consejo.
       -Yo sé lo que ví. Fue real.-Jen no dijo nada. Empezaba a molestarse por la actitud de Tann. Llegaron al portal enseguida. Tann se bajó del coche y se agachó a la altura de la ventanilla para hablar con Jen.- Bueno... mañana es viernes. Debo ir al sitio de los pirados.
       -Cierto, espero que no te pase nada. Ya nos veremos.
       -De acuerdo. Hastaluego.- Jen se fue con su coche. Tann estaba un poco desilusionado, pensaba que Jen se ofrecería para acompañarle a la reunión. Sacó las llaves y subió a su apartamento. Entró con cuidado, esperando encontrar algo inesperado, pero no había nada. “Estoy actuando como un loco”, se dijo a sí mismo. Entró en su habitación: las paredes estaban impecables. Entonces se le ocurrió una cosa. Quizá esos símbolos significaban algo, quizá alguien supiera de dónde los había sacado. A lo mejor los vió en algún anuncio y los guardó en el subconsciente y ahora no los relaciona. Cogió una hoja de papel y un bolígrafo y trató de reproducir los símbolos de la forma más fidedigna posible. Antes de quedarse dormido sobre el papel, consiguió dibujar algo parecido a ésto:


      Al día siguiente, el despertador sonó, y a duras penas pudo escucharlo. Tann se levantó, con el papel pegado en la cara. Se lo despegó y corrió a ducharse y a vestirse. Pero se dio cuenta de que no podía ir a trabajar. Le habían quitado el carnet. Muchas cosas se le cruzaron por la cabeza, y una de ellas era que tenía mucho tiempo libre. Por suerte, no tenía problemas graves de dinero. Todo el dinero que tenía se lo debía a su trabajo. Su vida era el taxi. Sabía que se merecía un trabajo mejor, pero por ahora no tenía quejas. Se lo tomó todo con calma esa mañana. Ya tenía pensado su destino. Dobló el dibujo cuidadosamente y lo guardó en su cartera. Cogió las llaves de casa y se marchó.

       Llegó a la puerta de la casa donde se crió de pequeño. Pensó que debía contarle a su madre lo del atropello. No creía que fuese a entusiasmarle, pero al menos pasaría más tiempo con su familia. Llamó decidido al timbre. Escuchó el “¡Ya voy!” de su madre y sonrió.
       -¡Vaya, qué sorpesa!- Exclamó la Sra. Doyle al ver a su hijo-¿Qué tal estás, Tann? Me alegro de verte hijo mío.
       -Yo también mamá. Tenía muchas ganas de verte.- Madre e hijo se abrazaron durante un momento. Después los dos entraron en la casa. En la cocina, la Sra. Doyle estaba haciendo la comida.
       -¿Qué tal te va todo?-Preguntó a su hijo. Ella sabía que aún trabajaba de taxista, y eso no le gustaba demasiado. Siempre pensó que acabaría su carrera y tendría un puesto importante en una prestigiosa empresa.
       -De eso quería hablarte.-Tann miró a su madre, la cual empezó a preocuparse por esa frase. Dejó inmediatamente lo que estaba haciendo y se giró.-He tenido un pequeño problema.
       -¿Qué ha ocurrido?
       -Verás, el martes por la noche, estaba conduciendo el taxi, y al parecer, me quedé dormido al volante y atropellé a una persona. Está en el hospital, pero no es nada grave.
       -¡Oh, Dios mío!
       -Está bien, se recuperará. Al día siguiente vino la policía a mi apartamento y me llevaron a comisaría. Me quitaron el carnet de conducir. Por eso estoy aquí en vez de estar trabajando.
       -Si no fuera porque estás contento, diría que es una mala noticia.¿No te das cuenta de lo que has hecho?-No podía comprender porqué su hijo no estaba preocupado.
       -¿No es esto lo que siempre quisiste? Pasaré más tiempo con vosotros.
       -¿Pero a qué precio?¡Has atropellado a una persona!
       -No creas que no lo siento. Pero tengo cosas más importantes en las que preocuparme.-Tann decidió no seguir preocupando más a su madre con lo de las pesadillas y alucinaciones. De todas formas, después de unas semanas sin trabajar, todo volverá a la normalidad: como dice Jen, debe de ser el estrés.-Bueno, ¿qué te parece si vamos a ver a papá?
       -Iremos... después de comer.-Continuó con su labor, pensando aún en Tann. Estaba tan absorta, que se hizo un corte en el dedo.-¡Ah! ¡Maldita sea!
       -¿Mamá?
       -No te preocupes... todo está bien.-Dijo mientras se lavaba. Tann miró la sangre encima de la tabla de cocina. Había algo extraño en ella. Se acercó para verla mejor. Su forma no era la habitual, teniendo en cuenta que las gotas de sangre no tienen ninguna forma habitual. Pero ésta sí. La forma era exactamente igual al dibujo de Tann.
       -Esto no puede ser...-Tann trató de sacar el dibujo de su cartera, cuando, sin previo aviso, su madre cogió una servilleta absorbente y secó la tabla. El dibujo había desaparecido.
       -¡No! ¿Qué has hecho?- Tann miró a su madre como si hubiese matado a alguien.
       -¿Qué diablos te ocurre?
       -No, no, nada... tranquila... voy al baño un segundo...- Todo esto era muy raro, y necesitaba refrescarse. Entró en el baño y se lavó la cara. Al mirarse en el espejo, trató de convencerse de que no estaba loco. Ahora más que nunca, necesitaba alguien que le comprendiese. Quizá, por la tarde, las personas del grupo de ayuda podrían aconsejarle. Se secó la cara y volvió con su madre.
Más tarde, Tann y su madre estaban en el cementerio. Hacía mucho tiempo que no visitaba a su padre. Dejaron un ramo de flores encima de la lápida del Sr. Doyle, y se quedaron allí, recordando. Tann pensó que ojalá se pudiese viajar atrás en el tiempo, y arreglar las cosas.


       -¿Me estás escuchando?- dijo Jen, que aún esperaba una respuesta.
       -No... no me acuerdo. Es como lo de aquel día, cuando atropellé a aquel tipo. Me acuerdo de que... ¿qué día es hoy?¿qué hora es?
       -Hoy es miércoles, son las 11 y media de la noche.
       -¡Mierda! Hace tres horas tenía que ir a... ver a Martin. Tengo que salir de aquí, ¡es muy importante!-Tann se levantó de la cama, a pesar del dolor por todo el cuerpo.
       -¡No puedes irte!- Jen impidió el paso por la puerta.
       -¡Necesito ver a Martin!
       -Tann... en el pasillo hay cuatro agente de policías. Son escoltas. En cuanto te recuperes, te meterán en la cárcel.-Jen cogió a Tann de los brazos.- Te encontraron manchado de sangre junto a dos cadáveres...
       -¿Qué? ¿Qué ocurrió?- Era increíble. Tann tardó poco en recordar la conversación que tuvo con Martin. Lo comprendió todo enseguida.-Oh, no. Ha vuelto a pasar...¡Tienes que ayudarme! Debes distraer a los guardias.
       -¿Qué?¡No pienso hacerlo!
       -Jamás te he necesitado tanto como ahora. Debes creerme: yo no he matado a nadie.


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