FATEGASH

Capítulo 3
La huída

 

       Jen se asomó por la puerta de la habitación de Tann. Había un par de policías sentados en unos sillones pegados a la pared del pasillo, otro estaba tomando café, y hablaba con una enfermera. Jen salió.
       -Ya he terminado... Mi amigo aún sigue inconsciente.- Informó.
       -De acuerdo, señorita. Buenas noches.- Unos de los policías sentados se despidió sonriendo. Jen le devolvió la sonrisa y le dio la espalda. Mientras Jen caminaba por el pasillo, hacia el ascensor, la enfermera que hablaba con el policía del café se dirigió a la habitación de Tann para comprobar su estado. Dentro, Tann escuchaba los pasos de la enfermera aproximándose. Jen se dio cuenta, pero no pudo evitar que entrara en la habitación. Se giró y esperó lo peor. Dentro de la habitación, la enfermera encendió la luz. Al comprobar que el paciente no estaba en la cama, salió enseguida alertando a los policías. Jen corrió para ayudar, pero los policías corrieron más. Tann salió de la habitación arremetiendo contra los que estaban sentados con una camilla con ruedas. Jen paró en seco, y cayó al suelo del frenazo. Los guardias cayeron al suelo, malheridos. el que estaba hablando con la enfermera intentó sacar la pistola, pero Tann fue mucho más rápido y cogió una de las que dejaron caer los otros dos policías.
       -¡Quieto! – Gritó el policía. Tann también le apuntaba a él. Intentó avanzar hacia el ascensor, pero si se movía un solo milímetro, el policía le dispararía. Entonces, Tann cogió a Jen como rehén. Le puso la pistola en la sien.
       -¡Juro que la mataré! -Gritó Tann. Jen estaba asustada, pensó que su amigo se había vuelto un asesino.
       -Tranquilo...- El policía levantó las manos y dejó suavemente su pistola en el suelo. Tann se acercó a él y le pegó un golpe con la culata, dejándolo inconsciente. Soltó a Jen, y le miró a la cara.
       -Cogeré mi ropa y nos iremos de aquí ahora. La enfermera llamará a la policía.- Dijo. La enfermera había salido corriendo después del ataque de Tann, y no había nadie más en la planta. Jen esperaba a Tann fuera de la habitación, horrorizada por lo que había hecho su amigo. Pensó fugazmente en huir. Huir de aquel loco, que antes fue Tann. Pero no le dio tiempo a moverse. Tann salió ya vestido con una camiseta gris y unos vaqueros azules. Y recapacitó. A pesar de todo, aún confiaba en él. Tann cogió otra pistola del suelo, y se la guardó en los pantalones.
       -Nos vamos.

       Jen conducía su coche a toda velocidad. Tann le dijo que necesitaba ir a su apartamento. Allí cogerían algunas cosas e irían a visitar a Martin.
       -¿Habías quedado con Martin esta noche?- Preguntó Jen. Tann aún no le había contado demasiado de su nuevo amigo. Sólo sabía que era del grupo de ayuda en el que entró hace menos de 4 meses.
       -Martin y yo hemos estado haciendo cosas juntos. Ayer me llamó porque quería contarme algo que había descubierto. Quería quedar en un sitio que...- Tann recapacitó. No quiso contarle nada a Jen.- Mejor olvídalo.
       -¿No me lo vas a decir?¿No confías en mí?
       -No te conviene saberlo, es por tu propio bien.
       -Quiero saberlo. Estamos juntos en esto, desde el momento en el que te ayudé a huir de la justicia. Así que pararé el coche...- Puso su mano sobre la palanca de cambios.
       -¡Espera!- Tann puso su mano sobre la de Jen. – De acuerdo.


       Por la tarde, y después de despedirse de su madre, Tann pasó por su casa para ducharse y acto seguido irse de nuevo para asistir a la reunión, a la que estaba obligado a acudir. Tenía la dirección en una tarjeta que el detective le dio el día anterior. El edificio lo conocía, era uno de los sitios donde llevaba la gente más rara en su taxi. Al entrar, vio carteles que decían: “grupo de ayuda: SPEA”. El detective no le dijo qué significaba eso. Siguió las flechas de los carteles hasta llegar a una puerta. Un grupo de gente esperaba delante de ella, habalndo entre ellos. Todos se giraron al llegar Tann. Odiaba que todos le mirasen de ese modo. Estuvo a punto de irse, cuando uno de ellos se acercó para presentarse.
        -Buenas tardes, tú debes de ser...- Se miró la palma de la mano, mientras se colocaba las gafas.– Tann, ¿verdad?
       -Sí, soy yo.
       -Bienvenido, yo soy Martin Abene. Empezaremos la sesión dentro de unos minutos.
       -Bien... ¿Eres el encargado de todo esto?
       -Bueno, verás... Este grupo lo fundé yo, hace algún tiempo. Todos tenemos el mismo problema, el SPEA.
       -¿SPEA?
       - Síndrome de Pesadillas Esquizo-Amnésicas. ¿Es por eso por lo que estás aquí, no?- Martin se sorprendió.
       -Bueno, puede ser... La verdad es que no estoy muy seguro de lo que me pasa.
       -De acuerdo, tomaré nota.- Sacó un boli y se lo apuntó en la palma de la mano- ¿Hace mucho que las tienes?
       -Pocos días.
       -¿En serio?-Martin miró a Tann, como extrañado. Alguien llamó a Martin. La sesión iba a comenzar- Bueno, seguiremos hablando. Tendremos mucho tiempo. Vamos.-Tann acompañó a Martin a la sala. Había sillas y sillones, dispuestos en círculo. En una mesa cercana a una pared había comida y bebida para después de la charla.
       -Antes de nada...- Comenzó Martin - ...quiero darle la bienvenida a un nuevo miembro, Tann J. Doyle.-Todos aplaudieron. Eran 11, de los cuales, tres eran mujeres. Tann sonrió, no le agradaba recibir aplausos.- Conocemos las normas, ¿verdad chicos? Los nuevos empiezan las sesiones. Tann, ¿nos cuentas qué te ha traído aquí?- Vaya sorpresa. Tann no se esperaba en absoluto empezar a hablar. Y menos contar a unos desconocidos que estaba allí por una orden judicial. Decidió mentir, pero rápido, los demás ya estaban impacientes...
       -Bueno, yo... ¡ejem! Mmm, la verdad es que descubrí el grupo gracias a un amigo. Él me dijo que aquí me podían ayudar.
       -Depende del problema que tengas... y si lo tienes.- Aclaró Martin.- Mucha gente viene aquí pensando que tiene el SPEA. Pero de todas formas, aquí le ayudamos también, haciéndole ver que está sano.- Martin se levantó de su sillón- Te contaré en qué consiste el SPEA. A decir verdad, es un síndrome bastante desconocido. En palabras sencillas, es una mezcla de pesadillas y sueños hiperrealistas, sonambulismo, y extrañas alucinaciones visuales. Algunos directamente nos llaman locos...– Martin miró a Tann. Tann puso cara de “no me extraña”, cosa que captó Martin-...pero si estuviésemos locos, no querríamos curarnos, ¿verdad? Eso es lo que nos diferencia.- Tann escuchaba las palabras de Martin mientras echaba un vistazo a las personas del grupo. La verdad es que no tenían pinta de locos. Quizá lo que le pasaba tenía cura.
       -Bueno, no te preocupes, Tann. No te obligaremos a hablar el primer día. – Martin fue bueno.- La semana pasada dejamos inconcluso el sueño de Gail. ¿Te importaría continuar?
Gail era un hombre de unos 30 o 35 años, moreno, con el pelo corto, con gafas de pasta negras y con lentes bastante gruesas.
       -De acuerdo. ¡Jeje! La verdad es que no me acuerdo de dónde me quedé, así que empezaré de nuevo.- Era un tipo agradable y divertido, al menos de momento. Definitivamente no parecía un loco. Tann empezaba a tener hambre, y miró la comida de la mesa.
       -Yo me encontraba tirado en el suelo, aunque no sabía porqué. Una luz provenía de algún sitio alto, era una luz cegadora. No sabía dónde estaba; todo, excepto la luz, era negro. Comencé a levantarme, con mucho esfuerzo. Pude apreciar unas sombras cercanas. A unos 6 o 7 metros, unas figuras estaban haciendo algo.- Tann empezó a interesarse por aquél sueño, tanto que separó la espalda del respaldo de la silla.- Eran cuatro figuras. Dos de ellas estaban de pie, junto a una, que estaba tumbada en el suelo. Al parecer estaba muerta. La cuarta figura estaba como apartada de las otras tres, mirando desde lejos.- Gail paró durante unos segundos. Su expresión cambió.- Lo terrible era que todo loveía a través de los ojos de otra persona, como si mi mente estuviese atrapada...otra cosa: los colores de las figuras. Cuando todo se hizo más claro, pude ver que la figura tumbada resplandecía como si fuese de oro. Una de las que estaban a su lado era de plata, y la otra era completamente negra. La figura alejada tenía una capa de color rojo, y su cara era alargada y blanca, como una gran máscara.- Tann no podía creerlo. ¡Gail y él habían soñado con la misma figura!


       Tann aún no había terminado de contarle todo a Jen, pero ya había llegado al apartamento. Afortunadamente, los policías no vigilaban su casa, ya que pensaban que estaba en el hospital.
       -Seguiré contándote.- Dijo Tann mientras subían las escaleras.- Yo seguí yendo a las reuniones de SPEA, y fui conociendo mejor al grupo, sobre todo a Martin y a Gail. Gail era casi uno de los fundadores del grupo. Mientras pasaba el tiempo, me daba cuenta de que algunas de esas personas soñaban prácticamente lo mismo que yo. Estuvimos haciendo una labor de investigación... Y todo nos ha llevado a una dirección. En esta ciudad.
       -¿Pero qué hay allí? ¿Qué tiene que ver con vosotros?
       -Eso es lo que vamos a averiguar esta misma noche. Lo único que sé es que... –Un ruido alertó a Tann. Algo había dentro de su apartamento. Tann sacó inmediatamente la pistola, y sacó las llaves de su apartamento. La puerta no estaba forzada. Ese algo tuvo que entrar por otro sitio. En cuanto Tann giró la llave, el ruido cesó. Abrió lentamente la puerta, esperando lo peor. Aparentemente, lo único que había dentro, era la oscuridad. Aún así, Tann no bajó la guardia. Encendió la luz, y empezó a rebuscar entre sus cosas.
       -¿Qué es lo que buscas?- Jen echó un vistazo al apartamento, tratando de encontrar la fuente del ruido. Todo parecía normal.
       -Mis apuntes tienen que estár por aquí...- Todo estaba más desordenado que de costumbre.- ¡Aquí está!- Consiguió un cuaderno rojo donde anotaba todo lo relacionado con el SPEA.
      -Tienes mensajes en el contestador.- Observó Jen. Pulsó el botón para poder oírlos.

       “Tann, soy Martin. Debo ir inmediatamente a la calle Glockmark. Si puedes, ven, yo ya estaré allí. Te espero.”

       -¿Martin ha ido solo? ¿Porqué demonios...?- El ruido de antes volvió. Peor esta vez era más fuerte. Tann apuntó hacia su habitación: de allí venía el sonido. De repente, un gran crujido.
       -¿Qué está pasando?¿qué hay ahí dentro?- Jen estaba asustada. Todo esto era demasiado extraño y sucedía demasiado rápido.
       -Iré a ver. No dejaré que te ocurra nada.
       -Iré contigo. No quiero quedarme sola por nada del mundo.- Los dos se acercaron lentamente a la habitación. Según se acercaban, vieron luces en el interior. Salía un humo denso y negro: la habitación estaba en llamas.
      -¡Mierda!- Las llamas devoraban la habitación a ritmo frenético.- ¡Tenemos que salir de aquí! ¡No podemos hacer nada!
       -¡Tann! ¡Es tu casa!
       -¡El cuaderno!- Tann se lo había dejado en la cocina. Lo cogió y lo metió en su mochila, y también algo de comida.- ¡Vamos! Ya tengo todo lo que quiero.- Las llamas parecían tener vida propia: el pasillo hacia la puerta estaba bloqueado.
       -¡Por la escalera de incendios!- Dieron media vuelta y salieron por la ventana. Se apresuraron a salir de aquel infierno, pero olvidaron escuchar todos los mensajes.

       “Tann, soy Martin otra vez. He llegado a la calle Glockmark... las cosas son peores de lo que imaginábamos.”

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