FATEGASH

Capítulo 4
4022

 

       Dejaron el apartamento en llamas tras ellos. Al menos estaban a salvo y Tann consiguió lo que quería. El cuaderno rojo.
       -¿Qué esta ocurriendo?- Jen estaba angustiada, no podía creer nada de lo que estaba pasando. Esas llamas parecían haber brotado de la nada. Y eso es imposible.
       -Te juro que no lo sé. Esas llamas no estaban cuando nosotros entramos. Puede que alguien entrase antes que nosotros. Pero tuvo que ser muy silencioso. ¿Estaba la ventana abierta? ¿por donde salimos hacia la escalera?
       -No. Estaba cerrada. ¿Pero quién pudo haberlo hecho?
       -No sé.- Decía mientras hojeaba su cuaderno, buscando la dirección. De repente recordó algo.- Por cierto... el asunto ése de los asesinatos... yo no he matado a nadie.
       -Quiero creerte. Pero... las pruebas...
       -¿Las pruebas? ¡Pensé que me tenías algo de confianza!
       -La tengo, y lo sabes. Pero las pruebas son definitivas. Por eso pienso que debió pasarte algo... muy malo.
       -Martin y yo... estuvimos investigando. Todo tiene que ver con el SPEA.
       -Síndrome de Pesadillas Esquizo-Amnésicas.
       -Sí. Pero Martin sabrá explicártelo mejor.
       -¿Vamos a ir a verle?
       -Vamos a ir a verle... al 4022 de la calle Glockmark. ¿se sabe la identidad de las personas asesinadas?
       -Sí... fue... el señor Temppleton.
       -¿El tipo que atropellé?- Tann empezó a verle sentido a lo que Martin le había contado sobre el SPEA.- ¿y el otro?- Jen tuvo miedo de decirlo.
       -El detective que llegó a tu casa... cuando atropellaste a Temppleton.
       -¡Maldita sea! ¿Qué me está pasando?


       Después de escuchar el sueño de Gail, Tann decidió hablar un rato con él. Pero Gail se esfumó enseguida después de comer algo. Supuso que lo vería en la próxima reunión. Aprovecharía para hablar con Martin. Quizá él supiera algo más sobre Gail y sus pesadillas. Ahora mismo, Martin estaba hablando con otras personas del grupo.
       -Tann, ¿qué te ha parecido? ¿cómo te sientes después de saber que hay gente que puede ayudarte?- Dijo Martin después de despedirse de los otros miembros.
       -Bastante interesante. El caso es que el sueño que comentó...
       -Gail.
       -Eso, Gail. Me resulta familiar.- No quería parecer demasiado interesado. El hecho de haber soñado con la misma figura de la capa roja le inquietaba bastante, y no era un motivo de orgullo.
       -Bueno, es normal. La angustia provocada por el estrés diario origina este tipo de pesadillas.
       -¿O sea, que todo es por el estrés?
       -Sí, pero no siempre. Hay distintos factores, distintas personas. Puede ser también una mala alimentación... aunque no te lo creas.
       -Es un poco difícil de creer.
       -¡Ja ja! Eso pensaba yo también.
       -Por cierto, quería enseñarte esto.- Tann sacó de su cartera el dibujo del símbolo que apareció en su habitación.-Lo soñé. ¿Soñar con símbolos es malo?
       -Vaya.- Martin lo miró detenidamente.- Es curioso. Nunca había visto un símbolo como éste.¿Es una pesadilla recurrente?- Le devolvió el dibujo.
       -No mucho.-Lo guardó en la cartera de nuevo.
       -Pues entonces no te preocupes demasiado.-Miró su reloj, ya eran las ocho y media de la tarde.- En fin, dentro de una semana volveremos a vernos.
       -De acuerdo. Hasta entonces.- Se despidieron. Tann se fue hacia la salida, dejando a Martin tras él.


       -Gira a la izquierda en el siguiente cruce, y ya estaremos en la calle Glockmark.-Tann dirigía a Jen a través de las calles de la ciudad.
       -¿Qué es lo que piensas hacer después? La policía no dejará de buscarte.
       -Supongo que Martin comprenderá mi situación... No puede dejarme tirado. Aparca aquí, ya hemos llegado.
       -¿Es ese almacén?- Jen se refería a un viejo edificio, cuya entrada era una puerta de madera igualmente vieja. Enfrente de la puerta se encontraba aparcado un coche de color granate.
       -Es el coche de Martin. Quédate aquí, yo volveré enseguida.
       -De eso nada, yo voy contigo.
       -Jen...- Tann trató de buscar alguna razón para convencerla... pero Jen estaba completamente decidida. Sacó la segunda pistola y se la dio a su amiga.-Por si acaso.
       -¿Qué es lo que puede pasar?
       -Sólo... por si acaso.
Tann y Jen se aproximaron a la entrada del almacén. La gran puerta de madera chirrió, y un estrecho y largo pasillo aguardaba tras ella. Estaba pobremente iluminado por unas bombillitas colgadas del techo, a intervalos regulares. Casi no se veía el final del pasillo. En los laterales del pasillo había puertas de metal con números pintados con pintura de spray blanca. Tann sacó enseguida el cuaderno rojo.
       -Veamos... La puerta es... la 4022.- miró a Jen sonriendo de forma burlona.- Qué extraña coincidencia, ¿verdad?
       -Esto no me hace gracia.
       -A mí tampoco. Pero... debo hacerlo.- Guardó el cuaderno en su mochila y empezó a caminar hacia la puerta 4022. Jen no podía dejarle solo. Al cabo de pocos metros, encontraron la puerta.
       -Aquí es.-susurró Tann. Pegó la oreja a la puerta, intentando descifrar el leve zumbido que provenía del interior. Empuñó su pistola y empujó la puerta corrediza. Miró, y solo había oscuridad.-¿Martin?-gritó-¿Estás ahí dentro?- Tann se adentró un par de pasos en la penumbra.
       -No des ni un paso más.- Alguien que no era Jen ni Martin estaba detrás de Tann. Sintió el frío cañón de una pistola en la nuca.


       Mientras Tann salía del edificio donde se celebró la reunión del SPEA, Martin le observaba inquieto. Era la primera vez que alguien le comentaba haber soñado con símbolos. Y menos aún que los hubiera dibujado y que coincidiesen exactamente con los mismos con los que él soñaba. Pensó unos instantes en lo que debía hacer. Y no tardó en ir a su coche para seguir a Tann. Entró, cerró la puerta y abrió la guantera. Allí estaba la pistola. La tenía desde que comenzaron sus investigaciones sobre el SPEA. Las cosas se estaban poniendo bastante peligrosas. Cerró la guantera de nuevo y arrancó en cuanto vio a Tann cogiendo su taxi.


       -Si haces algo indebido, la mataré.- aquel tipo no hablaba en broma. Tenía agarrada a Jen por un brazo, casi inmovilizada. Le puso la pistola en la cabeza. –Date la vuelta, quiero verte la cara.- Tann se giró lentamente. Al fin le vio la cara al agresor. Una cara de un tipo bastante rudo, con barba de tres días, y unos ojos oscuros y semicerrados.
       -¿Qué quieres de nosotros?-Preguntó Tann, aún empuñando la pistola, pero con ambas manos levantadas.
       -Ah. Eres tú. Martin está dentro. Te estábamos esperando.-El desconocido soltó a Jen, la cual corrió para ponerse al lado de Tann. Aquel tipo guardó su arma bajo el brazo.
       -¿Martin? ¿Cómo...?¿Quién eres tú?
       -Será mejor que pases dentro y enciendas la luz. Puede que no tengamos otra oportunidad.-dijo el desconocido. Desde dentro, Martin encendió la luz. La habitación era como una especie de laboratorio antiguo, con aparatos en las mesas y tirados por el suelo. Tenía pinta de estar abandonado.
       -¡Tann!- Gritó Martin.- Pasad. No te preocupes, él es uno de los nuestros.- Martin miró a Jen.-¿Es ella?
       -Sí, es Jennifer. Jen, él es Martin.-Dijo Tann. Jen aún estaba un poco trastornada por el ataque del desconocido, el cual observaba desde la puerta.-¿Y quién es él?
       -Conoce a mi padre. Fue él quien nos dejó el mensaje sobre este almacén.
       -¿Porqué estamos aquí?- Era lo único que Jen quería saber, en pocas horas su vida y la de su amigo habían cambiado por completo, y todo parecía indicar que la habitación donde estaban tenía mucho que ver. Martin contestó la pregunta.
       -Desde que Tann me enseñó aquel dibujo, supe que había encontrado a alguien en quien confiar mis secretos. Los secretos sobre el SPEA. Todo lo que conseguimos aprender en estos meses nos llevó directamente a este sitio, gracias también al mensaje que recibimos. Lo que nos pasa no es fruto del estrés ni nada parecido. Todo parece indicar que alguien o algo nos está provocando esas pesadillas. Ese algo está aquí.
       -¡Estáis chalados! Eso es imposible.- Jen se negaba a admitir algo así.
       -A mí también me costó entenderlo, pero todo tiene su explicación. Por eso hemos venido hasta aquí, para desenmascarar a ese alguien o algo, o al menos descubrir sus fines.
       -Sus fines no importan por ahora.- Dijo el desconocido.- Pero todavía no conoceis ni la mitad de lo que ocurre. No estais aquí sólo por eso. De momento sólo puedo decir que vais por buen camino. Al menos hemos conseguido contactar con vosotros, y eso es un gran avance.
       -Ya está bien, ¿quién demonios te crees que eres?- Tann no aguantaba ni un momento más sin saber qué pintaba allí ese tipo.
       -Me llamo Edgar. Edgar Von Busch. Contacté con vosotros a través de aquel mensaje porque no podía hacerlo aún en persona. El Dr. Abene ha conseguido grandes resultados.-Mientras Tann y Edgar hablaban, Martin empezó a buscar alguna pista por el laboratorio. Descubrió algo y se lo hizo saber a los demás.
       -Mirad. Al parecer mi padre estuvo trabajando en este laboratorio hace bastante tiempo. Según estos informes, trabajaba en una especie de máquina de emisión de impulsos electromagnéticos. El proyecto Dante.
       -¿Tu padre tiene que ver en todo esto? ¿fue él quien ideó el proyecto?- Preguntó Tann.
       -No sé, yo sé que estuvo trabajando en un proyecto del cual no hablaba demasiado, pero no tenía ni idea.
       -Pero,¿porqué no se lo preguntas todo esto a él?¿Porqué necesita tu padre un mensajero para contactar contigo?- Preguntó Jen. Martin comprendió que Jen sabía incluso menos que ellos.
       -Verás, mi padre... murió en la explosión de su laboratorio cuando yo era pequeño.- Después de oir esto, Jen miró incrédula a Tann. Él le devolvió la mirada. Martin ya se lo había contado unos días después de conocerse.
       -Así que el Dr. Abene estaba trabajando en el proyecto Dante cuando murió. Estos datos son de gran ayuda.- Dijo Edgar. De repente, oyeron todos un chasquido que vino desde el fondo del laboratorio. Todos se giraron, y vieron que una de las mesas de madera estaba envuelta en llamas.
       -¿Otra vez?-Jen recordó las llamas del apartamento de Tann.
       -¡Debemos irnos ahora mismo!- Gritó Edgar.-Los eliminadores nos han descubierto, ¡vamos!- Los cuatro salieron corriendo del laboratorio sin preguntar, no sin antes guardar bien los informes sobre el proyecto Dante.
       -¿Estáis los tres bien?-Preguntó Tann cuando llegaron al coche de Martin.
       -Sí...-Dijo Martin mientras recuperaba el aliento.-¿Dónde está Edgar?- Se fijó en que había desaparecido.-¿No estará aún dentro?
       -No lo creo. Fue el primero en salir de allí, sabía perfectamente lo que estaba pasando. Tengo la sensación de que no será la ultima vez que le veamos.- Los tres se quedaron mirando el almacén en llamas por unos segundos. Hasta que Jen les devolvió a la realidad.
       -¿Qué vamos a hacer ahora?
Pocos minutos después, los dos coches abandonaban el 4022 de la calle Glockmark.




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