FATEGASH

Capítulo 5
Martin

 

       Llegaron al apartamento de Martin pocos minutos después. Allí estarían seguros, por lo menos hasta que la policía relacionase el nombre de Martin con el de Tann. Subieron hasta el cuarto piso y entraron. Jen se fijó en que no se diferenciaba mucho del apartamento de Tann: el orden brillaba por su ausencia. Por todas partes podía ver aparatos electrónicos abiertos, Martin parecía ser una especie de científico chiflado. Igual que su padre.
       -Vayamos al salón y echemos un vistazo a estos informes.- Propuso Martin. En el salón había una mesa bastante despejada, con un par de sillones al lado. Tann acercó una silla de la cocina para que todos pudieran sentarse.
       -Antes que nada, Martin... quizá sea mejor que le expliques a Jen algunas cosas que hemos averiguado.
       -Tienes razón. Puede que haya algunas cosas que te hayan desconcertado.- Dijo Martin a Jen.
       -¿Algunas cosas?- Jen se giró hacia Martin, indignada.- Dime sólo una cosa: ¿porqué debería creeros?
       -Supongo que en aquella habitación viste lo mismo que nosotros. Esa mesa se incendió sola. Eso no es normal, ¿verdad? No tienes que creernos si no quieres. Incluso yo preferiría involucrar a la menor cantidad de gente posible. Si no quieres tomar parte en esto, lo comprenderé.
       -Lo del fuego tiene que tener una explicación lógica.
       -No sé si la tendrá, pero yo me guio por otras cosas. Te lo contaré. Empezaré desde el principio. Yo no soy de aquí. Mis padres me criaron en un país donde eran bastante famosos por sus descubrimientos científicos. Ambos eran muy reconocidos. Realizaron grandes avances en el campo del electromagnetismo. Cuando yo era pequeño, soñaba con ser igual que mi padre. Cuando tenía 5 años, ellos trabajaban en un proyecto que según decían, sería el mayor avance de la Historia. Casi nunca estaban en casa. Me quedaba en casa de una familia amiga de mis padres. De repente, un día, el laboratorio donde trabajaban explotó, debido a sus propios errores. Ellos murieron con todo el equipo, y con todo su trabajo. La familia con la que vivía me adoptó y me trajo a este país, y a esta ciudad. Desde entonces vivo aquí. Yo era muy pequeño para comprender qué había pasado, pero con el tiempo intenté averiguar qué había pasado. No hace mucho que empezé a investigar. Pero desde ese preciso momento, recuerdo que empezé a tener esas terribles pesadillas. En ellas, mi padre me hablaba de la explosión y de un proyecto secreto. En otras, veía aquel símbolo, el mismo que veía Tann. Mi padre me decía que sólo era cuestión de tiempo el que las pesadillas empezasen a afectar a otras personas, y que debía encontrarme con ellas, que algo estaba influyendo en nuestras mentes. Por eso inicié el grupo de ayuda. Para encontrar a las demás personas. Pero sólo algunas de ellas estaban realmente afectadas por el mismo mal que yo. No eran pesadillas corrientes. Un fuerte dolor de cabeza también era un síntoma inequívoco. Aprendí a diferenciar los casos entre las personas que acudían al grupo. Tann se adaptó al perfil, y decidí hablarlo con él.
       -Creo que tenemos un concepto muy distinto de lo que significa “hablar algo”.- Dijo Tann, recordando el día en el que se conocieron.

       Martin siguió el taxi de Tann hasta unos grandes almacenes que aún seguían abiertos, aunque era bastante tarde. Martin paró el coche cerca de la puerta, donde pudo ver cómo Tann pagaba al taxista y cruzaba la puerta principal del local. Apagó el motor y bajó, no sin antes llevarse la pistola que guardaba en la guantera. Entró rápidamente en el centro. Vió cómo Tann subía las escaleras mecánicas. Le siguió, manteniendo una distancia prudencial. Al terminar las escaleras, Tann giró a la derecha, en dirección a los servicios. Al no haber gente, Martin aprovecho y sacó la pistola. El pasillo de los baños era ideal. Cogió a Tann violentamente por el cuello y le puso la pistola en la sien. Tann intentó zafarse, pero le había pillado desprevenido.
       -¿Habéis cambiado de método, verdad? Antes erais menos sutiles.
       -¿Martin? ¡¿De qué diablos estás hablando?! -Tann no comprendía nada.
       -¡¿De dónde has sacado el símbolo?!
       -¡Ya te lo he dicho, de mis sueños!- Mientras, Martin trataba de bajar el cuello de la camiseta de Tann.- ¿qué haces?- De repente le soltó, pero siguió apuntándole con la pistola. Tann se alejó de él, mientras recuperaba el aliento.
       -No tienes tatuaje...
       -¡¿Tatuaje?!
       -Perdóname... ¡Te lo explicaré, no quiero hacerte ningún daño!
       -Una forma curiosa de no querer hacer daño.
       -Te mentí sobre tu dibujo. Yo también he soñado con ese símbolo. Estamos en las mismas: yo también busco su significado.
       -¿En serio?- Tann bajó la guardia, Martin parecía hablar en serio.- ¿Y porqué no me lo dijiste cuando te lo enseñé?
       -Es difícil de explicar. Ya he tenido problemas antes. Verás, todo esto del grupo de ayuda no es más que una tapadera. Estoy... buscando a gente. Gente como tú y como yo, con las mismas pesadillas. Aunque no lo creas, los que tenemos este síndrome tenemos todos un mismo destino.- Tann se sintió extraño. Por una parte, sentía un gran alivio al saber que no era el único que pasaba por esa situación. Por otra parte, estaba desconcertado.
       -¿Porqué? ¿Cuál es la razón por la que un grupo de personas se ve afectada por esas pesadillas tan reales y tan... horribles?
       -Bueno, puede que si tratamos de encontrar a los demás afectados, hallemos el origen de esto. Pero te advierto que para llegar a este punto no he pasado por un camino de rosas. Hay personas que intentarán librarse de nosotros. Por esa razón he actuado como he actuado. Te pido perdón.
       -De acuerdo... No hay problema.
       -Entonces, ¿me ayudarás?- Martin estaba realmente ilusionado por haber encontrado al fin alguien igual que él.
       -¿Crees que averiguaremos qué ocurre?
       -Te garantizo que llegaremos al final de esto.- Martin y Tann se acercaron y se dieron la mano de nuevo, esta vez, como aliados.

       -Bueno, puede que tengas razón. Tenemos conceptos distintos. Pero en el fondo, buscamos lo mismo.- Respondió Martin, antes de seguir hablando con Jen.- Desde entonces, tras asistir a las reuniones, Tann y yo teníamos nuestras propias reuniones aquí en mi apartamento. Le conté todo lo que habiá recopilado desde que comenzé mis investigaciones. Hace unas horas recibimos un mesaje escrito de mi padre. Algo bastante extraño teniendo en cuenta que él había muerto en aquella explosión. Decía que en el 4022 de la calle Glockmark encontraríamos la respuesta a nuestro enigma, pero que debíamos darnos prisa.
      -Yo tuve que irme a mi casa, pero habíamos quedado a las 20:00 para ir a investigar.- Intervino Tann.- Pero las cosas se torcieron. Lo último que recuerdo es que salí del apartamento de Martin. Después me desperté en el hospital.
       -Yo recibí una llamada de la policía. Me dijeron que acabaste en el hospital después de asesinar a Temppleton y al detective.- Informó Jen.- Fui inmediatamente a verte.
       -Maldita sea... Ahí tienes otra razón para descubrir la verdad: alguien está jugando con nuestras mentes. No se limitan a hacernos soñar lo que ellos quieran. También nos controlan. Han utilizado a Tann para llevar a cabo sus propósitos. Eso fue lo que me dijo Edgar.
       -Es cierto, Edgar Von Busch. ¿De dónde salió ese tipo? ¿Podemos fiarnos de él?- Recordó Tann. Tuvo una forma muy extraña de desaparecer.
       -Edgar... me encontró. Te puedo asegurar que podemos confiar plenamente en él.

       Después de que Tann abandonase el apartamento de Martin, éste volvió al salón para repasar los documentos que consiguió hace un par de días. No había duda alguna. La letra del mensaje escrito y la de los documentos escritos por el Dr. Albert Abene eran idénticas. El mensaje escrito decía: “Si a estas alturas no has encontrado a niguna de las Muestras, algo va mal. En cualquier caso, espero que no sea así. Quiero que te reúnas con ellos y vayais al 4022 de la calle Glockmark. En la habitación 4022 encontraréis algo que espero que os ayude, si no hay contratiempos. Si todo va bien, la próxima vez que hablemos no será por escrito. Fdo: A.A.” Llegó a ilusionarse con la idea de que sus padres seguían vivos en alguna parte, que se vieron obligados a protegerle porque alguien iba detrás de ellos. Detrás del Proyecto Dante. Alguien llamó a la puerta. Seguro que Tann se había olvidado algo.
       -¿No habías guardado tu cuaderno rojo en..?- Abrió la puerta. No era Tann, sino un oscuro personaje que le miró y habló.
       -Martin, no hay tiempo. Si quieres saber lo que pasa realmente, debemos ir ya al 4022.
       -¿Quién es usted? ¿Y cómo sabe todo eso?
       -Me envía tu padre. Yo te envié esa nota que tienes en las manos. No pude dártela en persona porque aún no teníamos los medios adecuados. Pero ahora estoy aquí, y no me queda mucho tiempo.¿Has contactado con alguno?
       -Sólo con uno. Si nos vamos ahora, debo avisarle.- Martin se volvió hacia dentro y se dirigió al teléfono. Llamó a Tann. Sabía que aún no había llegado a casa, pero le dejaría un mensaje.-Tann, soy Martin. Debo ir inmediatamente a la calle Glockmark. Si puedes, ven, yo ya estaré allí. Te espero.- Colgó. Cogió el teléfono móvil por si acaso y, sin que lo viese el desconocido, deslizó su pistola dentro del bolsillo interior de su chaqueta. Volvió a la puerta y los dos se fueron rumbo al 4022 en el coche de Martin.
       -Necesito saber tu nombre.
       -Eres precavido. No me extraña, después de todo lo que has tenido que pasar. Mi nombre es Edgar Von Busch.
       -¿A qué viene todo este rollo?¿Porqué no me dices directamente lo que está pasando aquí y ya está?
       -Porque jamás lo creerías.- Al cabo de un rato, los dos llegaron al 4022. Allí había una persona esperando, un hombre. Parecía un vigilante. Edgar bajó del coche y se dirigió al desconocido.
       -No se puede pasar.- Dijo el tipo. En efecto era el vigilante. Edgar estaba aún a unos metros de él, pero en cuanto llegó a su altura, sacó una pistola y le voló la cabeza.
       -¡HEY!- Martin salió del coche a toda prisa, con su pistola en la mano.- ¡Alto!
       -Martin, él era uno de ellos.
       -¡No sé de qué me hablas!- Martin le apuntó; si se movía, no dudaría en dispararle. Pero de repente, el cadáver del “vigilante” se desvaneció, como si fuera vapor de agua, sin dejar ningún tipo de rastro.
       -Supongo que ahora confías en mí. Vamos, rápido.- Edgar entró en el almacén. Martin seguí con el arma en alto, intentado ver sentido a la situación. Guardó la pistola y llamó por teléfono.
       -Tann, soy Martin otra vez. He llegado a la calle Glockmark... las cosas son peores de lo que imaginábamos.



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